Las instituciones de educación superior están llamadas a convertirse en verdaderos laboratorios vivos de sostenibilidad, capaces de formar profesionales con conciencia crítica, generar conocimiento pertinente y construir soluciones colaborativas junto a las comunidades. Esto supone avanzar desde una mirada fragmentada hacia una gestión más integrada, donde la sostenibilidad no dependa exclusivamente de voluntades individuales o iniciativas aisladas, sino de capacidades institucionales instaladas, medibles y sostenibles en el tiempo.





